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Minca: realidad y fantasía

Febrero 22, 2020
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Un edén de historias, cascadas y ecoturismo.

Los estudiosos sobre la fundación de Minca –a unos 13 kilómetros de Santa Marta, en las estribaciones de la Sierra Nevada– se desconciertan ante los recuerdos de viejos pobladores y muchos historiadores que han puesto empeño en dilucidar documentos que reposan en archivos nacionales, además de otras actas notariales del departamento del Magdalena. 

Por Norberto García

Estos dicen que Minca era una finca de más de 12.000 hectáreas y se remonta al siglo XVIII, producto de las vastas plantaciones de café y caña de azúcar. A principios del siglo siguiente comenzaron a expandirse los cafetales de Minca, que eran considerados entre los primeros de Colombia, guiados por la mano experta de la familia Oligós Díaz Granados, quienes fueron sus primeros propietarios conocidos.

Posteriormente, fue pasando de mano en mano, hasta que en 1838 la compró Joaquín de Mier en 9.000 pesos colombianos de entonces. Desde sus primeros tiempos, Minca se identificó como una hacienda de tradición cafetera y su café competía con los mejores del mundo.

En 1855 Elisée Reclus, experto cafetero francés,  aseguraba que Minca era de las más antiguas plantaciones de café del Nuevo Mundo. Esta hacienda ubicada a cinco leguas de Santa Marta, contaba con cañaverales, animales de servicio, un cafetal, sementeras, casas y un ingenio. La hacienda tuvo su época más próspera mientras contó con esclavos como trabajadores.

Cuando ellos consiguieron su libertad, los amos nada cambiaron en la forma de sembrar y dejaron sus propiedades en manos de capataces, quienes se hicieron cargo de conseguir la mano de obra hasta que lentamente fueron disminuyendo sus utilidades, con la desagradable consecuencia que en la década de 1860 unos viajeros encontraron la hacienda totalmente abandonada, debido a la casi nula mano de obra.

Hoy, además de seguir produciendo café, la región se ha disparado como destino turístico, producto de la riqueza que aporta la naturaleza, el clima y la calidad humana de sus habitantes.

Minca y el turismo

Muchos escuchamos hablar de este poblado, pero pocos se atrevieron a conocerlo. La expresión ‘minka’ es una palabra quechua que en castellano hace referencia a una antigua tradición de trabajo comunitario o colectivo.

Este pequeño corregimiento, a trece kilómetros de la ciudad de Santa Marta en el Magdalena, está ubicado en las estribaciones de la Sierra Nevada a unos 650 metros sobre el nivel del mar. En años pasados, el camino era complicado y tortuoso. Hoy, gracias a la pavimentación de una excelente carretera, permite la llegada tanto de lugareños, como de turistas, sin que tenga importancia lo sinuoso del trayecto.

Su momento ha ido creciendo lento pero de manera sostenida, debido a su gran riqueza, tanto cultural como ecológica. Esta zona tiene una variedad de parajes, que sugerimos de manera especial a los amantes de la naturaleza, por la posibilidad de realizar largas caminatas y disfrutar la tranquilidad que se respira en el ambiente.

Únicamente se requiere llegar a Mamatoco en Santa Marta, pues de allí sale el transporte directo al poblado. Aquí encontrará un vecindario en crecimiento, pero aún pequeño; pleno de turistas, con gran oferta de hospedaje; variedad de restaurantes y operadores turísticos con una gran consagración a mostrar profesionalmente los alrededores. Predomina el alojamiento tradicional pero para los amantes del camping también hay cabida.

Tanto en moto-taxi, como en camionetas o a pie, se pueden visitar varias fincas cafeteras (ver nota sobre La Victoria), hacer avistamiento de aves, o visitar pozos y cascadas, de agua cristalina.

Cascadas de Marinca

Para llegar a este paradisíaco lugar, salimos del pueblo por el camino oriental, pasando la iglesia y continuamos por un sendero de placa huella (dos estructuras lineales de cemento), mientras disfrutamos de la exuberancia de la naturaleza. Inmensos árboles bordeando el camino, plagados de centenares de pájaros de varias especies y estupendo colorido.

Este paseo requiere de paciencia y mucha paz interior, pues utilizará alrededor de una hora para llegar a las cascadas. Finalmente, alcanzará un desvío no siempre en buen estado. Es necesario fortalecer las piernas para este último tramo, ya que el sendero se eleva en la medida que avanzamos.

La entrada está claramente señalada y le cobrarán por ingresar al lugar. Allí, también encontrarán unos quioscos y un restaurante. Desde estos lugares podrán disfrutar del agua corriendo entre piedras y cayendo con voz cantarina al lecho de las quebradas.

La primera cascada tiene un pozo de poca profundidad, donde podemos zambullirnos y gozar con la calidez del agua fresca y transparente. En este lugar cae el agua desde una altura de 20 metros aproximadamente. Más adelante, un poco más arriba del camino (unos cinco minutos) hay otra cascada de mayor amplitud y altura, unos 30 metros.

Pozo Azul

El más famoso y conocido de los lugares del sector. Se puede llegar a pie, en moto-taxi o contratar una camioneta que nos acerque. Debemos salir por el lado norte de la carretera principal. También la caminata dura cerca de una hora y llegaremos a un punto donde estarán parqueadas una cantidad de vehículos que esperan a los turistas, quienes bajaron caminando hasta el famoso Pozo Azul. El acceso es sencillo, razón por la cual este lugar es uno de los más frecuentados. Si se accede por las piedras, llegamos al segundo pozo donde los más osados pueden hacer saltos magistrales.

Café que es de aquí y es de allá

Alrededor del año 2010, una de las más antiguas fincas cafeteras de Colombia, apareció en el mapa mundial, como uno de los destinos turísticos de primer nivel. Desde entonces, la labor agrícola se hace una con el turismo nacional e internacional.

Ubicada a unos pocos kilómetros del Corregimiento de Minca, mientras produce café de exportación de excelente calidad, recibe visitantes del mundo entero, a quienes les atraen las caminatas, el paseo al aire libre, respirar sin vestigio alguno de polución y apreciar una multitud de especies de pájaros nativos

Claudia Stubbs, propietaria y alma mater de ‘La Victoria’ ha logrado que crezca en el reconocimiento internacional. No es casual que aquí encontremos guías especializados en cada una de las actividades que se pueden desarrollar y al mismo tiempo, cada visitante puede darse un respiro en los amplios salones donde hay siempre listo un delicioso café, elaborado con los granos que se acaban de cosechar.

“Al comenzar la década de los 10’s comienzan a llegar los primeros aventureros a esta zona –nos dice, para agregar– en aquella época la oferta turística era muy escasa. Había dos hoteles, unas pocas vecinas ofrecían empanadas y fritos y no era fácil responder a la pregunta de todos sobre “¿qué se puede hacer aquí?”

¿La finca nace a finales del Siglo XIX?

En 1892 para ser precisos. Claro que en Minca algunas personas orientaban a los turistas para que llegaran caminando hasta La Victoria. En aquella época era solamente una finca cafetera. No teníamos la infraestructura suficiente para atenderlos. No había agua, ni baños, ni café para tomar. No obstante esto, relativamente rápido, el boca a boca comenzó a funcionar, Se volvió costumbre escuchar que quienes llegaban decían: vino mi tía, estuvo un cuñado, pasaron por aquí unos amigos… Al ritmo del crecimiento turístico, se fueron creando los elementos básicos para recibirlos. Ahora cuenta con dos cafeterías, baños suficientes para todos y el agua corre libremente a través de una quebrada.

Imaginamos que, ante esto, los operadores turísticos comenzaron a interesarse…

Así es. Ofrecieron aportar los medios de transporte suficientes, que llegan diariamente con una buena cantidad de trotamundos e inclusive tuvimos cruceros que llegaban a Santa Marta. Allá desembarcaron y por tierra llegaron para visitar el beneficiadero, un refrigerio en mi casa, paseos por el monte… Fue muy estimulante, porque a la gente le encantó la experiencia. La finca no fue pensada para recibir turistas, así que la vivencia de la gran mayoría, es que todo lo que veían era real.

¿La finca produce café de exportación?

Sí. Anualmente cosechamos entre 40 y 80 toneladas.

Con referencia a la afluencia de turistas a Minca ha sido complicado tener datos confiables, pero observando el ir y venir de los diferentes medios de transporte, suponemos que la cantidad real supera ampliamente la imaginación. Como observación, La Victoria, es uno de los destinos que hace más interesante visitar el Corregimiento de Minca.

 

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